Este “Hamlet” no es el teatral, no un monólogo bajo el foco.
Este es el Hamlet dentro del hombre — ese momento en que estás solo en una encrucijada y el mundo no te da ningún consejo.
El camino está ramificado — no en dos, sino en muchas direcciones.
No se trata de elegir entre el bien y el mal, sino entre tantos significados posibles que el sentido mismo se difumina.
La figura está desnuda de espaldas — no físicamente, sino expuesta.
Este es el momento en que no hay papel, no hay pose, no hay máscara.
No sabe qué elegir y esta ignorancia pesa más que la tragedia.
Y mira las sombras… dos, no una.
Estas son sus dos voces:
una — del miedo,
la otra — del sueño.
Están junto a él, pero no con él.
Caminan, pero no guían.
Las calles son frías, infinitas.
Esta es la ciudad de las dudas, construida no de piedra, sino de preguntas.
Y la luz en la distancia — no promete salvación.
Simplemente dice: allí también tendrás que pensar.
Este Hamlet no pregunta “ser o no ser”.
Él ya es la pregunta.
Y se queda así, en el silencio,
antes del primer paso,
que siempre es el más pesado —
porque nadie
nunca
te dice
si es el correcto.
Este “Hamlet” no es el teatral, no un monólogo bajo el foco.
Este es el Hamlet dentro del hombre — ese momento en que estás solo en una encrucijada y el mundo no te da ningún consejo.
El camino está ramificado — no en dos, sino en muchas direcciones.
No se trata de elegir entre el bien y el mal, sino entre tantos significados posibles que el sentido mismo se difumina.
La figura está desnuda de espaldas — no físicamente, sino expuesta.
Este es el momento en que no hay papel, no hay pose, no hay máscara.
No sabe qué elegir y esta ignorancia pesa más que la tragedia.
Y mira las sombras… dos, no una.
Estas son sus dos voces:
una — del miedo,
la otra — del sueño.
Están junto a él, pero no con él.
Caminan, pero no guían.
Las calles son frías, infinitas.
Esta es la ciudad de las dudas, construida no de piedra, sino de preguntas.
Y la luz en la distancia — no promete salvación.
Simplemente dice: allí también tendrás que pensar.
Este Hamlet no pregunta “ser o no ser”.
Él ya es la pregunta. Y se queda así, en el silencio, antes del primer paso, que siempre es el más pesado — porque nadie
nunca
te dice
si es el correcto.
Lia