Aquí el invierno no ha descendido como frío, sino como un voto.
Dos pequeños búhos, acurrucados el uno junto al otro, se posan sobre una rama vestida de escarcha. Su plumaje está
impregnado de paciencia, de esa sabiduría antigua que no se apresura ni grita. Sus ojos — profundos, despiertos,
omnividentes — miran el mundo tal como fue antes del ser humano y como será después de él.
Que el lienzo sea una paleta no es casualidad. Es el altar de trabajo del artista — el lugar donde nacieron los
colores y ahora han tomado forma. El orificio para el pulgar permanece como una pequeña ventana hacia la mano que
sostuvo el pincel — un recordatorio de que el arte siempre comienza con el tacto.
Las ramas están cubiertas de lágrimas de hielo. Gotas detenidas entre caer y permanecer. Pesan, pero no quiebran.
Como pesa el invierno — y aun así no quiebra la vida.
En estas dos aves hay algo más que naturaleza. Hay fidelidad. Hay unión. Hay un silencioso «juntos» que no se explica.
Es una pintura para los tiempos fríos, cuando no sobreviven los más fuertes, sino aquellos que se dan calor mutuamente.
Un icono invernal — no para los ojos, sino para el corazón.
Aquí el invierno no ha descendido como frío, sino como un voto.
Dos pequeños búhos, acurrucados el uno junto al otro, se posan sobre una rama vestida de escarcha. Su plumaje está impregnado de paciencia, de esa sabiduría antigua que no se apresura ni grita. Sus ojos — profundos, despiertos, omnividentes — miran el mundo tal como fue antes del ser humano y como será después de él.
Que el lienzo sea una paleta no es casualidad. Es el altar de trabajo del artista — el lugar donde nacieron los colores y ahora han tomado forma. El orificio para el pulgar permanece como una pequeña ventana hacia la mano que sostuvo el pincel — un recordatorio de que el arte siempre comienza con el tacto.
Las ramas están cubiertas de lágrimas de hielo. Gotas detenidas entre caer y permanecer. Pesan, pero no quiebran. Como pesa el invierno — y aun así no quiebra la vida.
En estas dos aves hay algo más que naturaleza. Hay fidelidad. Hay unión. Hay un silencioso «juntos» que no se explica. Es una pintura para los tiempos fríos, cuando no sobreviven los más fuertes, sino aquellos que se dan calor mutuamente.
Un icono invernal — no para los ojos, sino para el corazón.
Lia